Casi 50 minutos de discurso en el prime time de la televisión pública nacional -y retransmitido también por radio e Internet- contestando lo que uno quiere, como quiere y durante el tiempo que quiere. Un caramelo para cualquier político, así que más todavía para un presidente que al cumplirse  los dos años de su segundo triunfo en las urnas atraviesa por sus horas más bajas.

Lo de este lunes por la noche en TVE  fue más que una entrevista extensa, un lavado de imagen en toda regla (o intento al menos) de Zetapé. Tres periodista de ‘la casa’ se trasladaron a la “sala de la crisis” de La Moncloa,  para analizar con el presidente la difícil situación económica en la que España sigue atascada cuando el resto de las grandes economías caminan firme hacia la recuperación.

Escenario austero: ZP sentado en una silla y sus entrevistadores en otras tres, justo enfrente de él, a pocos pasos. Parecía más una clase particular de un profesor que llevaba la lección muy bien aprendida. El socialista había memorizado un buen puñado de datos que fue soltando convenientemente, vinieran a cuento o no. El caso era escupirlos. “Esta noche buscamos la respuesta”, decía minutos antes del comienzo del show uno de los periodistas. Pero no las hubo, salvo contadas excepciones.

Precisamente la presentadora de los Informativos de la noche fue la única que intentó poner en apuros al presidente, la única que mostró mínimamente el colmillo. Pero pinchó en hueso una y otra vez. “Un segundo”, la cortó en seco el presidente cuando, transcurridos unos minutos del comienzo, mientras Zetapé soltaba su speech de las nuevas ayudas al crédito  financiadas por el ICO, la periodista intentó refutar sus argumentos. Y se tuvo que callar, porque el líder del Ejecutivo tenía de antemano manga ancha.

Zetape comenzó reconociendo que no pudo “prever la magnitud” de la crisis, y hasta ahí llegó todo su mea culpa. Le preguntaron por el paro y, después de afirmar que se sentía responsable “de todas y cada una de las personas que han perdido su empleo”, se fue por los derroteros de todo lo que ha hecho su Gobierno por la protección social de los desempleados. Otro periodista le preguntó por el Caso Faisán, y lejos de contestar, el socialista enredó a la audiencia en una maraña de cifras sobre las detenciones de miembros de ETA y de la kale borroka durante sus seis años en La Moncloa. A la pregunta si dos años después de su victoria se siente “con fuerzas” para los dos años que quedan y él acabó hablando de la dependencia excesiva del sector de la construcción que España tenía cuando arrancó la crisis.

Y así sucesivamente. Un continuo tu pregunta lo que quieras que yo contestaré lo que me parezca  que rozó lo descarado cuando, de nuevo la peridista  le dijo que todos los españoles “estamos muy preocupados” por la crisis y le reprochó la imagen de “improvisación” que está dando y el bajón de su “credibilidad”. “¿Cree que está en condiciones de transmitir confianza?”, le preguntó a renglón seguido. “Me ha preguntado muchas cosas a la vez”, contestó él, y de nuevo se fue por la tangente, sacando del zurrón otro puñado de medidas puestas en marcha por su Ejecutivo, como las ayudas al automóvil. Tanto fue así que su interlocutora tuvo que intervenir por segunda vez cuando Zetapé hubo terminado para decirle: “No le he preguntado por la acción del Gobierno”. Y él, vuelta sobre lo mismo: “Entiendo que la ciudadanía tenga un alto grado de preocupación, pero debo de reiterar que el Gobierno ha tomado desde que se inició la crisis 137 medidas”.

Hubo para más. La misma periodista le pidió que se pusiera en la piel de una mujer que ha trabajado toda su vida y le dicen que tiene que hacerlo dos años más, mientras cada mañana deja a su hijo parado de 25 años en la cama. “En materia de pensiones el Gobierno puede presentar una hoja de servicios bastante positiva, es el que más las ha subido”, replicó, para acabar hablando de que la medida pretende “mejorar el sistema de pensiones”.  

El presidente sabía que lógicamente los tres temas más de actualidad estos días iban a salir a colación: las manifestaciones del domingo en toda España contra la Ley del Aborto, a lo que respondió que la normativa “trata simplemente de hacer las cosas más seguras para las mujeres y evitar que cualquier mujer vaya a la cárcel” por abortar; el asunto de Baltasar Garzón, en el que negó cualquier tipo de “injerencia” porque subrayar que ha hecho “una tarea valiente” en la lucha contra ETA es “indiscutible”; y el embrollo con Venezuela, en el que defendió a José Maria Aznar y presumió de que “no es la primera vez” que sale en defensa de su antecesor en el Gobierno.

Al menos hubo dos cosas a las que sí contestó de frente. Primero, aclaró que “no está” en sus “previsiones” hacer cambios en el Ejecutivo en lo que queda de legislatura. “Estoy contento con el equipo de Gobierno que tengo, que está trabajando en unas condiciones muy difíciles”, subrayó. Y, segundo, afirmó que le encantaría que la final de la Champions League de este año la disputaran dos equipos españoles. “Ahora está la liga bastante emocionante”, ésa fue su última reflexión de la noche. No una sobre lo mal que lo deben de estar pasando los más de cuatro millones de parados ni nada parecido, sino una sobre el fútbol y el Barça de sus amores. Y en ese punto, con un “gracias”, terminó el espectáculo y se bajó el telón de La Moncloa.