Estamos en un momento económico difícil y con una crisis que afecta a todo el tejido productivo y empresarial, y por lo tanto a la pequeña y mediana empresa que nos presta servicio en cada municipio, tiendas de todo tipo que afrontan no sólo esta coyuntura económica difícil, sino que además se enfrentan a la competencia con las grandes superficies.
¿Qué hacer frente a una situación tan complicada como ésta? Situación, que sin lugar a dudas, va a dejar muchas a empresas en el camino. ¿Cómo afrontar esto para ser uno de los supervivientes al final de la crisis? No hay un modelo ni una receta exacta que se pueda dar de forma rápida y que resuelva el problema. La solución, que no definitiva, si puede ser paliativa y nos puede ayudar a ser uno de los finalistas en la carrera por la supervivencia.
La creatividad y la imaginación son virtudes que se dan en el sector comercial urbano. En la Comunidad Valenciana hay cerca de 70.000 puntos de venta, que cuentan con uno o dos empleados, lo que equivale a más de 100.000 puestos de trabajo directos , son lo que denominamos “microempresas” en las que el planteamiento de la innovación puede ser una idea difícil de alcanzar e incluso puede generar actitudes negativas. Esta actitud frente al propósito de la innovación genera un riesgo añadido que pone en peligro la supervivencia de la empresa.
Sin embargo, la innovación como elemento clave para conseguir que las empresas sean más competitivas nos permitirá sobrevivir y mantener nuestra posición y cuota de mercado. Nos permitirá mejorar y ser más competitivos, adaptando recursos que otros ya han desarrollado con éxito. Innovar es también dar mejor servicio y atención al consumidor. Como mínimo, el primer principio que lógicamente deberíamos aplicar, es la innovación. Y partiendo de ahí, seguir con los siguientes pasos, pasos que cada empresa personalizará según su tamaño, clientela y estructura comercial. Pero como decimos, el concepto abstracto de la innovación puede generar cierta dificultad de comprensión en el pequeño comercio minorista, especialmente en aquellos que, establecidos desde hace mucho tiempo, continúan con la inercia del inicio del negocio y no han adoptado medidas de cambio.
Hemos de tener en cuenta que al ser empresas pequeñas no tienen una clara visión del beneficio que puede suponer innovar. Por eso, en la mayoría de los casos lo que se produce es la “adaptación” o copia exclusiva de iniciativas que otros han desarrollado, este fenómeno sustituye al concepto de “innovación – invención “, que es el que mejor resultado nos dará. La innovación, entendida de forma básica, es un elemento diferenciador que hace referencia a cosas como la iluminación del negocio, una estructura moderna y atractiva en la presentación de los productos, una visión exterior del negocio que atraiga a la clientela, adoptando los necesarios medios de escaparatísmo, técnicas de merchandising y comunicación cuidando la presentación y la imagen del establecimiento y la atención personalizada a los clientes. Se trata, en definitiva, de conseguir un nivel de calidad alto en los servicios y productos, nivel que dará al comercio minorista una posición de ventaja y más competitiva frente a los canales de distribución mayoristas.
Todas estas acciones deben ir encaminadas a conseguir la fidelización de la clientela, eso sí, sin perder de vista el nuevo perfil del consumidor, con nuevos hábitos de compra y mayor exigencia en la calidad del producto, todo en una sociedad cambiante. El minorista debe detectar esos cambios para la posible introducción de nuevos productos y la incorporación de sistemas de venta más modernos. El pequeño comercio debe buscar sus puntos fuertes en la asociación, la especialización, la reducción de costes , la diferenciación y la calidad .
En un sentido amplio, el fin primordial de cualquier programa de calidad debe ser la satisfacción del cliente, aumentando el número de visitas y la fidelización del mismo. Los clientes del pequeño comercio tienen un grado de satisfacción mayor que los de otros tipos de comercio que ofrecen una gran variedad de productos pero carecen de la atención personalizada, del consejo del profesional o del conocimiento de las preferencias y gustos del cliente que se obtiene con la compra diaria y de urgencia. El comercio minorista debe saber cómo operan las grandes superficies para ofrecer un mejor servicio a los clientes, detectar lo que resulta importante para el cliente y no sólo debe actuar desde el punto de vista de su negocio.
El asociacionismo comercial es importante para conseguir cierta posición competitiva en el mercado minorista. Y es necesario que se produzca un compromiso entre los establecimientos asociados con la organización a la que pertenecen, además de definir cuál es el papel de cada miembro y el objetivo que se pretende alcanzar.
Sin lugar a dudas, los Ayuntamientos debemos jugar un papel importante colaborando con las asociaciones de minoristas, impulsando todas aquellas actividades que ayuden a su supervivencia, sin olvidar que son generadores de empleo y contribuyentes. Por lo tanto, la atención que las Administraciones debemos prestar a este comercio urbano es básica para superar esta grave crisis que padecemos y acercarles al éxito empresarial.
Enrique Senent Sales, Portavoz del PP