Dicen que una gitana en un barrio de Sevilla a un caballero que paseaba por la calle le quiso leer la mano. Éste, no agradándole lo que le quería hacer la muchacha, le retiró su mano dejándola airada ante el gesto, a lo que la gitanilla le recriminó su actitud. El señor le indicó que tenía prisa, que le esperaban en el juzgado; a lo que la gitana le gritó: “Pues eah!; juicios tengas y los ganes”.
Esta expresión, más que una “maldición gitana” ha pasado hoy a nuestros días como un dicho, como una frase hecha que viene a recordar lo mal que se pasa en un proceso judicial, y que aunque lo ganes, el tiempo (años) que dura este proceso es un mal trago para el que lo padece, sobre todo si lo gana, porque eso querrá decir que ese mal trago era injusto e innecesario para una persona inocente.
He de deciros que las veces que he estado en Sevilla no me han ofrecido leerme la mano, pero ya no sé si pensar que alguien me ha echado esa “maldición gitana”.
Y cuento esto porque como me imagino que muchos sabréis, hace unos días la justicia ha sobreseído (archivado) unas diligencias penales contra mí por la recalificación de los terrenos de la Iglesia en el Barrio de la Magdalena, una permuta de calificación entre dos terrenos propiedad del arzobispado en su mayoría y que tenía por objetivo construir una nueva iglesia en este barrio de Massamagrell, una petición apoyada por más de 4.000 firmas y que llevábamos en el programa electoral con el que ganamos las elecciones municipales del 2007 con amplia mayoría absoluta.
Quiero dejar claro, que el auto señala expresamente que “las decisiones adoptadas desde el Ayuntamiento se han efectuado dentro del marco de la legalidad vigente, con absoluto respeto por la ley y atendidos los principios de objetividad e imparcialidad, sin que en ningún caso haya quedado acreditado que las mismas respondían a un interés contrario al municipal, o que se haya efectuado vulnerando la ley”. Y que este auto además, se toma después de que la Fiscalía Anticorrupción en su informe de 18 de enero de este año solicitase también el sobreseimiento (archivo) de las diligencias penales abiertas contra mí por la denuncia que Esquerra Unida y el PSOE de Massamagrell presentaron en julio de 2009 por prevaricación y tráfico de influencias.
Más de un año y medio de sufrimiento personal, mentiras y calumnias por parte de unos individuos que lo único que querían era destruir mi reputación, mi honor y sacar rendimiento político a través de los tribunales. Por eso, quienes me vieron llorar el día que me dieron esta noticia, entendieron mis lágrimas. Pero ni siquiera es eso lo que, pasado un tiempo, me importe; lo que más me preocupa es que después de todo, esos que se oponían a la voluntad del pueblo y de los vecinos del Barrio de la Magdalena (PSOE y EU) han conseguido en parte su objetivo: han retrasado todo lo que han podido la construcción de la Iglesia y de los locales socio-culturales con lo que en medio de la crisis que vivimos es cada día más complicado conseguir hacer realidad este sueño de muchos, han desmoralizado y desanimado a quienes se ilusionaron con un proyecto pensado por y para el Barrio de la Magdalena y han hecho dudar del buen hacer del Partido Popular de Massamagrell. Ellos y solo ellos son los culpables de esta situación y de hacernos gastar miles de euros (como insistían en resaltar meses atrás) para defender ante la justicia lo que la propia justicia ha dicho que estaba bien. ¿Y ahora qué?. ¿Pagarán ellos el dinero que han obligado a gastarse al Ayuntamiento para demostrar al final que todo era correcto?. ¿Nadie de ellos dimitirá por dignidad política o personal?. ¿Nadie asume responsabilidades?… sigo esperando…
Pero sabed una cosa, a pesar de todo lo anterior, quiero ser el primero en recuperar la ilusión y la esperanza, sigo creyendo en las buenas personas de Massamagrell, como el padre Pedro Enrique que tuvo una buena idea para su barrio, y desde aquí le animo a él y a todos los vecinos a seguir luchando para conseguir su sueño, que es el de muchos.
Y a nivel personal, este “maldición gitana”, que no le deseo a nadie, la recordaré como una experiencia personal de la que he salido reforzado gracias a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros concejales y de partido y en especial por el apoyo de muchos, muchísimos vecinos que, aun sin saber del resultado final de esta historia, creyeron en mí. Por cierto que alguno me preguntó si sería capaz de perdonar a los que me implicaron en este calvario, y yo le dije que para perdonar, alguien tiene que pedir perdón… y sigo esperando…